La tarde del pasado 17 de mayo, cuando el sol aún iluminaba las calles de Palma, un hombre rumano de 39 años decidió que era buena idea ponerse al volante tras haber bebido más de la cuenta. Doble de lo permitido, así se quedó su prueba de alcoholemia y así se esfumaron las posibilidades de una conducción responsable.
Todo sucedió alrededor de las 19:15 en la intersección entre Illes Pitiüses y Cardenal Rossell. En un giro desafortunado, este individuo tomó una curva a la izquierda como si no hubiera mañana, perdiendo por completo el control del coche. El resultado fue un choque brutal contra un vehículo que estaba pacíficamente aparcado. El estruendo fue tal que el coche del acusado terminó destrozado, incluso perdió una rueda.
Una cadena de impactos incontrolados
Pero eso no fue todo. Tras ese primer impacto, su turismo siguió su camino descontrolado y se estrelló contra otro coche que también disfrutaba del descanso en el mismo margen. La escena era digna de una película mala: metal retorcido y cristales esparcidos por todas partes.
Los agentes de la Unidad de Vehículos de Accidentes (UVAC) llegaron rápidamente para poner orden en medio del desastre. Al someter al conductor a pruebas de etilometría, los resultados confirmaron lo que todos ya sospechaban: 0,51 mg/l en aire espirado, un claro indicativo de imprudencia y falta total de responsabilidad al volante.
Como era previsible, los policías no dudaron en interponer las denuncias correspondientes por conducir ebrio y por no tomar las precauciones necesarias para evitar daños a terceros. Este tipo de irresponsabilidades deberían hacernos reflexionar sobre cómo algunos deciden tirar a la basura la seguridad vial sin pensar en las consecuencias.

