Aurora y Urbano, una pareja de jubilados de Zaragoza, llevaban meses soñando con sus merecidas vacaciones en Mallorca. Pero lo que debía ser un tiempo de descanso y alegría se convirtió en una pesadilla. En abril de 1992, justo cuando su viaje estaba a punto de finalizar, un brutal robo cambió para siempre el destino de esta familia. Aquella ilusión por unas vacaciones soñadas terminó convirtiéndose en una tragedia imposible de olvidar.
Un día fatídico
Aurora, con 68 años recién cumplidos, llegó a la Isla el 30 de marzo junto a su marido dentro de un programa del Imserso destinado a la Tercera Edad. Se alojaron en el hotel Alejandría, en la Playa de Palma, donde esperaban disfrutar a lo grande durante dos semanas. Sin embargo, el 13 de abril marcó un antes y un después: alrededor de las tres de la tarde, Aurora salió sola del hotel para ir a una peluquería. Solo tenía que cruzar unos escasos 50 metros y regresar antes del regreso a casa. Pero nunca llegó.
Testigos presenciales narran cómo un oscuro Ford Orion apareció a gran velocidad. Dentro viajaban dos delincuentes que habían robado el coche y vieron a Aurora como un objetivo fácil para llevar a cabo su violento ‘tirón’. Uno de ellos sacó medio cuerpo por la ventanilla y logró agarrar el bolso; sin embargo, el asa no cedió. La mujer quedó atrapada al vehículo mientras era arrastrada varios metros sobre el asfalto en una escena desgarradora.
Lamentablemente, los primeros auxilios llegaron pronto gracias a un médico y una enfermera del consultorio cercano. Pero Aurora ya estaba luchando entre la vida y la muerte cuando fue evacuada al hospital Son Dureta. Durante las primeras horas había destellos de esperanza: parecía mejorar. Pero esa luz se apagó rápidamente cuando los médicos encontraron un coágulo cerebral gravísimo.
La familia recibió entonces la peor noticia imaginable: si no operaban a Aurora inmediatamente, moriría. Pero también les informaron del altísimo riesgo que implicaba dicha operación. A pesar del esfuerzo médico incansable, Aurora falleció días después debido a las lesiones sufridas.
No es difícil imaginar el dolor inmenso que sintió su familia; su hijo denunció públicamente lo ocurrido como «una auténtica salvajada», reflejando así la impotencia ante una situación tan cruel e inesperada.
Aquellos años noventa estaban marcados por los llamados ‘tirones’, especialmente en zonas turísticas como Mallorca; todo producto del auge del consumo de heroína y la delincuencia asociada al mismo. Lo que debía ser un recuerdo feliz se transformó en una herida abierta para todos los seres queridos que perdieron tanto en cuestión de minutos.

