En un rincón de Moscú, la historia de una adolescente ha comenzado a despertar inquietud y curiosidad entre quienes la conocen. Todo empezó cuando cumplió 14 años; desde entonces, cada septiembre se convierte en un mes aciago para ella. La madre, con el corazón en un puño, cuenta cómo su hija comienza a sangrar sin control: desde la nariz y los ojos hasta el pecho y el ombligo. Una situación desesperante que ha llevado a esta familia a visitar médicos tras médicos sin hallar respuestas.
A pesar de las ecografías, endoscopias y colonoscopias realizadas, todos los resultados son normales. ¿Pero qué está ocurriendo? La pregunta retumba en la mente de unos padres que buscan entender lo que parece ser un misterio sin resolver. Y es que, después de año y medio lidiando con esta extraña enfermedad, han notado algo peculiar: los síntomas aparecen justo al inicio del curso escolar y van disminuyendo durante las vacaciones.
Una búsqueda incansable por respuestas
La madre se niega a creer que su hija simplemente esté evadiendo la escuela; sigue llevándola a especialistas con la esperanza de encontrar alguna solución. Algunos expertos sugieren que podría tratarse del síndrome de Munchausen, donde la joven podría estar fingiendo su enfermedad para atraer atención. Pero eso no consuela a una familia atrapada entre el amor incondicional hacia su hija y la frustración por no poder ayudarla.
Mientras tanto, ella sigue matriculada en el centro educativo pero ausente casi siempre; se pierde días enteros sin poder asistir a clases. En este vaivén emocional y físico, cada septiembre vuelve el ciclo inquietante: dolor e incertidumbre… ¿qué pasará este año?

