En un crudo y revelador informe, la relatora especial de la ONU sobre tortura, Alice Jill Edwards, ha puesto el dedo en la llaga al hablar del alarmante nivel de impunidad que reina en Israel. En sus palabras, queda claro que «las graves deficiencias en la gestión de las investigaciones refuerzan la idea de que esto es un problema generalizado».
Desde Madrid, nos llega esta denuncia cargada de pesar y rabia. Edwards no se corta al afirmar que los abusos contra los presos palestinos son una constante deshumanizadora. “La cantidad y la crueldad de las denuncias recopiladas demuestran un flagrante desprecio por parte de Israel hacia su obligación de tratar a todos los detenidos con humanidad”, señala, añadiendo que esto parece contar con el visto bueno desde las altas esferas del gobierno.
Abusos inaceptables y muertes sin investigar
El panorama es devastador: tras los ataques del 7 de octubre por parte de milicias palestinas, muchos presos han sido expuestos a condiciones inhumanas. La relatora ha documentado 52 incidentes donde se ejerció tortura y otros maltratos, así como 33 casos de tortura sexual. Imaginemos por un momento lo que eso significa; casos horripilantes donde hay violaciones reiteradas y brutalidad física hasta límites inimaginables.
No solo eso, desde octubre también han sido reportadas al menos 94 muertes bajo custodia, muchas aún sin investigar adecuadamente. Las autopsias revelan un horroroso cuadro: fracturas múltiples, hemorragias internas y laceraciones severas. Hay incluso niños entre las víctimas.
La situación es insostenible. A pesar de las 1.680 denuncias contra los servicios israelíes, ninguna ha terminado en acusación formal; ni siquiera los escasos casos investigados han logrado justicia real. La relatora recuerda a todos los funcionarios que «la tortura es un crimen internacional», instando a desmantelar esta cultura del silencio.
Con más de 9.000 palestinos detenidos, el 40% bajo detención administrativa –una medida altamente cuestionada–, queda claro que estas prácticas requieren una revisión urgente. Edwards no solo llama a liberar a quienes están atrapados sin causa justa, sino que también critica abiertamente nuevas leyes punitivas como la pena de muerte para palestinos.
Aunque su mirada está centrada en estos hechos atroces en Israel, no olvida mencionar otras violaciones cometidas por grupos como Hamás o la Autoridad Palestina en Gaza y Cisjordania. Un recordatorio contundente: la lucha por los derechos humanos debe ser universal e inquebrantable.

