Este domingo, a las cinco de la mañana, me despertaré con un nudo en el estómago y la camiseta del Mallorca lista para llevar. Mis dos hermanos estarán conmigo, todos juntos rumbo al Aeropuerto de Palma. A las siete volamos hacia Valencia, y aunque un empate sería como una victoria, tengo fe en que nuestros chicos se levantarán, como lo han hecho tantas veces antes.
La determinación de Samu Costa
Samu Costa vuelve al equipo. Esta vez será titular, y estoy seguro de que veremos a un jugador entregado. Morderá, arriesgará y dejará su alma en el campo; justo lo que este Mallorca necesita ahora mismo. Tal vez sean sus últimos partidos con nosotros, así que jugará como si cada minuto contara. Para él es todo o nada.
A medida que se acercan los encuentros decisivos, recuerdo aquel día en Sevilla hace cinco años. La permanencia estaba en juego entonces también; el rival era más fuerte y la situación más tensa. El Sevilla necesitaba asegurar su lugar en Champions mientras nosotros tratábamos de levantarnos tras una aplastante derrota contra el Granada. Un empate significaba vida para nosotros, y gracias a Manolo Reina logramos amarrar un punto con una intervención memorable.
Luego vino la historia del gol agónico de Abdón ante el Rayo y aquella victoria en Pamplona rodeada de lágrimas entre los aficionados. Ahora que parece más fácil salvarnos, el miedo crece porque hay mucho más en juego.
No es momento para buscar culpables; eso llegará después. Ahora necesitamos unir fuerzas detrás de nuestro equipo y escudo. La afición siempre estará ahí a pesar de las dificultades que enfrentamos aquí en nuestra isla.
Me llegó un mensaje de Vueling ofreciéndome cambiar mi vuelo por un descuento considerable; sin embargo, estoy seguro de que no habrá asientos vacíos después del partido.

