En el bullicioso ambiente del GP de Francia, Marc Márquez se presenta como un enigma. Por un lado, asegura estar al cien por cien y que su moto funciona a la perfección. Pero, ¿dónde están los resultados? Es evidente que no encuentra la manera de rendir como lo hacía en 2025. El propio Márquez, tras una jornada complicada en Le Mans, confesaba: “Lo más importante es que la moto funciona bien y yo estoy bien”. Pero hay algo que no encaja.
La lucha interna de un campeón
A medida que avanza la temporada, las dudas sobre su desempeño aumentan. Al principio, podíamos achacar su rendimiento a problemas físicos derivados de una lesión en su hombro derecho durante 2025. Sin embargo, ahora parece tener todo bajo control. Su intento fallido para clasificarse directamente a la Q2 fue solo una muestra más de su frustración: “Aún no tengo esa velocidad”, admitía con un tono de resignación.
No obstante, es interesante ver cómo el piloto ilerdense se niega a culpar a su montura. Y es que tres Desmosedici se ubicaron entre los mejores puestos en la clasificación; algo debe andar mal con él mismo si quiere volver a ser el rey de las pistas. “Sufro un poco con el feeling delantero”, explicaba mientras intentaba encontrar respuestas a sus propios problemas.
Lo inquietante es que parece estar estancado; sus problemas en Jerez eran claros en las curvas rápidas, pero aquí apenas hay ese tipo de trazados y aún así sigue sin encontrar el ritmo adecuado.
El excampeón Jorge Lorenzo opina que le falta fuerza y Márquez responde: “El hombro es lo que hay y estoy trabajando para mejorar”. Sin embargo, todos sabemos que está en una fase crítica de reconstrucción personal y profesional.
A pesar de todo esto, Marc mantiene una visión optimista hacia Ducati y hacia sí mismo: “Debo mejorar sin hacer locuras”, asegurando que su evolución pasa por pilotar con confianza y tranquilidad. La lluvia podría ser su aliada; quizás eso logre abrir nuevas puertas cuando menos lo espera.

