En una noche mágica para el baloncesto mallorquín, los jugadores del Fibwi Mallorca no solo celebraron su triunfo en el derbi, sino también su permanencia en la categoría. ¡Qué gran forma de cerrar la temporada! Después de un camino lleno de baches y derrotas, al fin llegaron las sonrisas. La historia se tornó dulce cuando los de Pablo García, con un juego impecable, rompieron la racha negativa que casi les arrebata el sueño. Mientras tanto, los chicos de Juani Díez, a pesar de parecer sombras de lo que fueron, lograron salvarse gracias a una inesperada ayuda del Tizona Burgos que arrasó al Cartagena.
Un partido inolvidable
No hubo lugar para las lágrimas ni para los lamentos en un Palau que no estuvo lleno como se merecía esta fiesta (59-85). Si hablamos del derbi, tenemos que rendir homenaje al Fibwi, porque el Palmer llegó hecho un lío desde el primer momento. Con una presión aplastante y catorce derrotas pesando como plomo sobre sus hombros, solo ellos parecían decididos a luchar por su futuro en la cancha.
Desde el salto inicial, se hizo evidente la diferencia entre ambos equipos. El Fibwi, siempre elegante en estos enfrentamientos, no dejó que la presión le afectara. Todo lo contrario: comenzaron a deslumbrar con triples que dejaron al Palmer tambaleándose (0-13). Los nervios estaban a flor de piel y tras varios intentos fallidos, solo Joan Feliu logró dar algo de luz al equipo local antes del final del primer cuarto (5-19).
A medida que avanzaba el partido, era imposible ignorar cómo el Fibwi iba construyendo su victoria. Desde cada triple certero hasta cada jugada ensayada, todo parecía fluir perfectamente mientras los locales continuaban siendo un manojo de inseguridades y dudas. A pesar del esfuerzo individual de Carralero y Feliu, había un abismo entre ambos equipos.
A lo largo del encuentro se notó claramente cómo las emociones iban cambiando. De tensión a euforia: mientras unos luchaban por no caer al abismo, otros celebraban haber salvado la categoría antes incluso de sonar la bocina final. Este derbi tan desigual resultó ser nuestra mayor alegría; así es el deporte: impredecible y lleno de sorpresas.

