En una noche que quedará grabada en la memoria de todos los aficionados, el Palma Futsal demostró que nunca se rinde. Tras un comienzo desastroso, en el que se encontraban perdiendo 1-6 contra el Étolie Lavalloise, los mallorquines se levantaron como auténticos titanes y lograron empatar el partido, llevándolo a una emocionante tanda de penaltis que les catapultó a la final de Europa.
Desde el primer minuto, los franceses mostraron su garra, poniendo contra las cuerdas a los actuales campeones. Con un juego veloz y agresivo, tomaron ventaja rápidamente. El Palma parecía perdido; su defensa era un coladero y su ataque carecía de chispa. Pero, como suele pasar en estas historias, todo cambió cuando Vadillo decidió mover fichas del banquillo para dar un nuevo aire al encuentro.
Un giro inesperado en el destino del partido
La presión ejercida por Lucao y Charuto comenzó a dar frutos, permitiendo al Palma reducir distancias con un gol que encendió la llama de la esperanza. Pero no fue suficiente; cada intento parecía desvanecerse ante una avalancha francesa que continuaba avanzando sin piedad. Sin embargo, antes de llegar al descanso, Fabinho logró anotar otro tanto y colocó al equipo con vida: 2-6.
Ya en la segunda mitad, los mallorquines salieron renovados y dispuestos a luchar. La entrada de Carlos Barrón bajo los palos fue clave; sus paradas espectaculares mantuvieron vivo el sueño del equipo. Con cada jugada ofensiva y cada gol anotado por Machado y Deivao, la ilusión creció entre los aficionados hasta alcanzar un agónico 6-6 gracias a un penalti ejecutado magistralmente por Fabinho.
A pesar de lo difícil que había sido llegar hasta ahí, lo mejor estaba por venir: la prórroga dejó a ambos equipos exhaustos pero determinados. Las tandas de penaltis fueron tensas; sin embargo, Luan Muller se convirtió en héroe deteniendo el lanzamiento decisivo de Guirio. Finalmente, Piqueras selló la hazaña asegurando así el pase del Palma Futsal a una nueva final europea.

