En el corazón de Palma, la antigua cárcel de Sa Presó se ha convertido en un punto candente de controversia. El desalojo voluntario que se estaba planificando ha sacudido a la comunidad y ha llevado al Sindicat de l’Habitatge (SHP) a poner el grito en el cielo. En sus declaraciones, aseguran que el Ajuntament ha lanzado «afirmaciones falsas» sobre un supuesto riesgo de hantavirus, con la intención de manipular a la opinión pública y deshumanizar a quienes habitan este lugar. ¿Por qué jugar con la salud y el bienestar de las personas? Esto no solo es irresponsable, sino también cruel.
Un desalojo encubierto
A medida que se acerca el día del desalojo, muchos empiezan a cuestionar si realmente existe una opción voluntaria. El SHP lo deja claro: «Sin opciones, no hay voluntad». Y esto no podría ser más cierto; lo que se ofrece es simplemente una salida hacia la calle, vulnerando su derecho fundamental a tener un hogar.
Además, advierten que desde este lunes nadie podrá ser desalojado porque aún no se ha terminado el plazo para abandonar la cárcel ni se han agotado los recursos administrativos necesarios. La situación es alarmante: hay familias enteras entre los residentes que ya han presentado alegaciones sin éxito y cuya vulnerabilidad es extrema. Muchos son solicitantes de asilo o jóvenes que tras cumplir 18 años han quedado desprotegidos.
Aunque aún hay caminos legales por recorrer —como presentar un recurso dentro del mes siguiente—, el panorama sigue siendo sombrío. Y por si fuera poco, los habitantes denuncian que no les han ofrecido alternativas habitacionales concretas. Según ellos, solo les dan papeles firmados con notificaciones negativas pero nada más que hable de soluciones reales.
No podemos permitir que esta situación continúe así. Los fondos están ahí; solo hay que mirarlos bien. Se gastan miles en militarizar el área mientras las verdaderas necesidades quedan ignoradas. La pregunta es clara: ¿por qué priorizar controles policiales antes que ayudar a quienes realmente lo necesitan?
Cerrando su comunicado con una firme exigencia: «Pedimos que cesen las presiones policiales y que se informe adecuadamente a los residentes sobre sus derechos». La lucha por un hogar digno sigue viva en Palma, y nosotros debemos estar atentos para apoyarla.

