No tuvimos la paciencia necesaria. No supimos valorar lo que Luis Enrique estaba haciendo por la selección. En un país donde el fútbol se vive con tanta pasión, las fobias de club nos nublan el juicio y nos hacen perder de vista lo realmente importante. Así, España se convierte en una máquina de triturar seleccionadores a la mínima que las cosas no salen como esperamos.
Un malentendido constante
Con Luis Enrique, esa falta de entendimiento fue evidente. Su cercanía con los aficionados a través de sus sesiones en Twitch, su decisión de convocar a muchos jugadores del mismo equipo o colocar a Rodri como central fueron razones para condenarlo. Nos olvidamos de lo esencial: él le dio al equipo una identidad clara y una propuesta ambiciosa. Pero, claro, como no caía bien a todos, nos dejamos llevar por el ruido y cuestionamos su valía como entrenador.
Cayó en un Mundial tras una tanda de penaltis en un partido que dominó completamente. Y eso duele más cuando recordamos cómo ese rival estuvo a punto de eliminar también a Francia. Pero aquí somos así; menospreciamos al adversario y luego pagamos las consecuencias.
Aquel entrenador que generaba divisiones ahora está al borde de conseguir su tercera Champions League con el PSG. Un club donde desfilaban estrellas y entrenadores sin éxito alguno: Ancelotti, Blanc… y tantos otros que pasaron sin pena ni gloria. Hoy, vemos cómo Ousmane Dembélé brilla como Balón de Oro y Vitinha se ha convertido en uno de los mejores mediocentros del mundo.
Parece que hay algo especial en este PSG ahora dirigido por Luis Enrique. Él se atrevió a construir desde lo colectivo y logró llevar al equipo a otra final ganando en campos míticos como Stamford Bridge o Anfield. Sin embargo, aquí parecía que tenía ‘ataques de entrenador’ cada vez que intentaba dar lo mejor para todos.
A veces quisimos hacerle encajar en moldes que no eran los suyos; deseábamos agradar a todo el mundo cuando su estilo era diferente. Por suerte para nosotros, encontramos otro gran seleccionador camino adelante y tenemos una generación dorada lista para soñar con otro Mundial porque al final, el fútbol siempre pertenece a los futbolistas, ¿verdad?

