La situación en Líbano es, simplemente, desgarradora. Aunque el 17 de abril se anunciara un alto el fuego, la realidad sobre el terreno cuenta otra historia. La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha lanzado una voz de alarma este martes: cada vez son más las personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares. Desde que comenzó esta nueva ola de violencia, los ataques israelíes han dejado ya más de 2.700 muertos y cerca de 400 sólo en las últimas semanas.
Una crisis humanitaria que no cesa
Karolina Lindholm Billing, representante de ACNUR en Líbano, no se ha andado con rodeos durante su comparecencia en Ginebra. Ha dejado claro que la crisis humanitaria está lejos de terminar. La destrucción masiva no solo afecta a viviendas, sino también a infraestructuras esenciales como escuelas y hospitales. A pesar de que Beirut parece haberse librado del caos reciente, los civiles en el sur siguen viviendo bajo la sombra del miedo constante.
Aquellos que intentan regresar a sus barrios se encuentran con un panorama desolador: casas arrasadas y una total ausencia de servicios básicos. “Es un ciclo agotador”, decía Billing mientras relataba las penurias de quienes anhelan volver a una vida normal pero solo encuentran ruinas y peligros inminentes por municiones sin explotar. ¿Cómo puede ser que después del alto el fuego sigan sufriendo tanto?
Apenas tres días tras ese pacto entre las partes, se contabilizaban ya 428 viviendas destruidas y otras tantas dañadas. El Consejo Nacional de Investigación Científica de Líbano lo confirma; la situación sigue siendo crítica. Y es que solo han llegado al país un mísero 38% del financiamiento necesario para hacer frente a esta emergencia.
Todavía hay muchas familias atrapadas entre la desesperación y la esperanza, queriendo regresar pero sin poder hacerlo debido al control militar en ciertas zonas. La comunidad internacional debe actuar ahora; es imperativo mantener ese alto el fuego si queremos darles una oportunidad real para reconstruir sus vidas.

