El Mallorca, en una tarde de esos partidos que marcan la temporada, demostró que cuando hay ganas y corazón, todo es posible. Celebrando el gol de Samu en Montilivi, los jugadores dejaron claro que, aunque las circunstancias no eran las mejores —con medio equipo lidiando con una gastroenteritis— se plantaron en el campo a luchar por esos tres puntos tan necesarios para la permanencia.
De tripas corazón
La expresión «de tripas corazón» nunca tuvo tanto sentido como ayer. A pesar de lo mal que lo pasaron algunos, como Virgili, que no pudo aguantar ni media hora sobre el césped, el equipo se armó de valor y salió adelante. Este triunfo es una lección para todos: cuando quieres algo de verdad y te esfuerzas al máximo, puedes superar cualquier adversidad.
¿Y qué decir del momento? Ganar un viernes te deja un sabor especial; puedes ver cómo se desarrolla el resto de la jornada sin esa angustia habitual. Eso sí, no olvidemos que la lucha por la permanencia sigue ahí y cada punto cuenta. El Mallorca tiene aún mucho camino por recorrer y aunque hemos dado pasos importantes hacia adelante, no podemos confiarnos. Es hora de seguir trabajando duro.

