Hoy, más que analizar fríamente el partido en Mendizorroza, es crucial preguntarnos si el Mallorca realmente tiene lo que se necesita para mantenerse en Primera. La idea de una salvación parece lejana cuando un equipo apenas logra generar tres remates durante todo un encuentro. Y no me malinterpretes, solo fueron dos tiros entre los tres palos: uno fue gol y el otro, un intento que Sivera atrapó sin mucho esfuerzo.
Enfrentándose al Alavés, el conjunto de Demichelis mostró una capacidad ofensiva que no se corresponde con la urgencia de su situación. Muy lejos de los 10 remates contra el Valencia o los 15 frente al Real Madrid, esto resulta alarmante. El técnico argentino había prometido que saldrían a ganar; al menos eso parecía tras el golazo de Virgili, que nos hizo soñar por un momento con una salvación casi asegurada en Vitoria.
La sombra del miedo acecha al Mallorca
Pero llegó la segunda mitad y ese viejo fantasma volvió a asomar. El Mallorca no sabe manejar las ventajas y se encoge cada vez que se adelanta en el marcador. Lo hemos visto antes: en Elche, donde dejaron escapar una oportunidad dorada para hundir a su rival, o ante Osasuna, donde perdieron una ventaja de dos goles. Parece como si pasar por vestuarios fuese un punto de inflexión negativo; entran enchufados y salen temerosos.
Cuando le das toda la iniciativa al rival, lo lógico es que acabe llegando el gol contrario; más aún después de conceder ocho córners en contra. Fuera de Son Moix, defender un resultado se ha convertido en una misión imposible y eso puede resultar letal ahora que queda poco margen para errores: solo tres salidas y dos partidos en casa por delante.
No hay tiempo para titubeos ni fragilidades. Si no queremos caer al abismo, será necesario puntuar sí o sí. Por ahora, seguimos abonados al sufrimiento y esperando que esta asignatura pendiente no nos vuelva a dejar colgados en Girona.

