El Celta recibió al Friburgo con la esperanza de dar la vuelta a una eliminatoria que parecía complicada tras el 3-0 en Alemania. La afición, cargada de ilusión, llenó las gradas de Balaídos, convencida de que el equipo podía lograrlo. Pero, lamentablemente, esa tarde no fue la del conjunto gallego.
Un Friburgo imparable
Desde el primer momento, el Friburgo mostró su superioridad. Con un juego ágil y contundente, pronto dejó claro que no venía a especular. Con cada jugada se sentía que los alemanes estaban mucho más rodados y organizados. En pocos minutos, Matanovic se encargó de romper el hielo con una volea impresionante que dejó sin opciones al portero celeste.
A pesar de las esperanzas celtistas y los ánimos desde la grada, el partido se tornó en un monólogo del Friburgo. Los germanos no solo marcaban goles; además presionaban con una intensidad que hacía difícil cualquier intento del Celta por salir jugando. La línea defensiva visitante era un muro y, aunque Giráldez trató de cambiar las cosas en el descanso con varios cambios, nada pudo frenar a Suzuki cuando volvió a marcar para poner el 0-3.
Pese al desánimo casi palpable en Balaídos tras ese tercer gol, los celestes no se rindieron del todo y lograron tener algunas ocasiones dignas: Iago Aspas inquietó con una falta peligrosa y Fer López estuvo cerca de hacer vibrar a los aficionados. Al final, Swedberg logró marcar un gol que sirvió como consuelo pero no pudo ocultar la decepción general.
Así se despide el Celta de la Europa League dejando un sabor amargo tras dos partidos donde fueron superados claramente. Aún así, hay que reconocerles el mérito por llegar hasta aquí; aunque hoy sea difícil verlo así.

