El Santiago Bernabéu, ese templo del fútbol, se vistió de gala para recibir al Manchester City en una de las noches más esperadas del calendario europeo. Sin embargo, lo que debería haber sido una fiesta se tornó en un momento agridulce cuando se reveló que solo 76.076 espectadores habían llenado las gradas. Esta cifra, la más baja desde la remodelación del estadio en eliminatorias europeas, no pasó desapercibida y dejó a muchos con una sensación de decepción.
La falta de aforo sorprende
Pese al ambiente vibrante que suele acompañar a los partidos contra equipos de renombre como el City, esta vez la realidad era otra. La afición respondió con su característico fervor al inicio del encuentro, pero la imagen general reflejaba un hecho insólito: varias entradas aún estaban disponibles pocas horas antes del pitido inicial. En sectores específicos del lateral Este había hasta 51 localidades sin vender; algo inusual en un choque tan esperado. Los precios no eran precisamente asequibles, oscilando entre 120 y 445 euros.
A medida que avanzaba la temporada, las cifras nos cuentan otra historia. En comparación con otras eliminatorias recientes donde el Bernabéu superaba siempre los 76.000 aficionados, este partido dejó claro que algo no marcha bien. ¿Acaso es hora de reflexionar sobre lo que está sucediendo? La devolución por parte del Manchester City de alrededor de 2.500 entradas también tuvo su peso; ese espacio vacío en la grada era visible y le daba un toque desangelado a un evento que debería haber sido vibrante.
Y aquí viene otro punto interesante: mientras nuestros precios son prohibitivos para muchos aficionados, los del City son mucho más accesibles. Las entradas para adultos rondan entre 47 y 77 libras; todo un contraste que invita a pensar si realmente estamos haciendo las cosas bien desde nuestra casa.

